En el año 1948 la violencia partidista azota el campo colombiano. En un paraje del Tolima, sur del país, miembros de las fuerzas oficiales dan muerte a varios campesinos liberales, entre ellos al marido de Rosalba Velasco. La joven presencia la masacre y cae en un proceso de despersonalización que la convierte en instrumento de venganza y muerte. Durante una década sus acciones dejarán como saldo un sinnúmero de policías y civiles muertos y se convertirá en blanco de la persecución  del ejército, de la policía y de las bandas paramilitares de la época.

 

Inicialmente Rosalba actúa por cuenta propia.  Sin embargo, los jefes de bandas armadas ilegales, de filiación liberal y opuestas al gobierno conservador, tratan de neutralizar los excesos de Rosalba y la integran a sus filas. La joven se destaca por su arrojo y gana el respeto de sus compañeros. En adelante se la conocerá como la Sargento Matacho.

 

Aunque por su condición síquica Matacho es incapaz de conectarse emocionalmente consigo misma o con  los sentimientos de los demás, genera a su alrededor una suerte de atracción inevitable. Los distintos jefes de las bandas a las que se une la convierten en su compañera y ella, paradójicamente, engendra vida en su vientre mientras siega la de sus enemigos. Muere a manos del ejército colombiano cuando está a punto de dar a luz un hijo de Desquite, famoso bandolero de la época.

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